El disco de vinilo
Hace poco menos de dos semanas iba sentada en un autobús urbano camino del trabajo. Tengo por costumbre, no sé si buena o mala, de observar a las personas que están dentro de él, bien sentadas o de pié. Quizás por mi forma de ser, observadora y curiosa, empiezo a imaginar cómo será la vida de esas personas. Cada una de ellas (en concreto las que van solas) va absorta en su propio mundo y, de forma paralela, si alguien me llama la atención por cualquier pequeña cosa, generalmente termino por pensar que, muy probablemente, sea una alguien que, aún estando en mi misma ciudad, no volveré a ver nunca más.
No obstante, y vuelvo al hilo del comienzo de este post, hará unos quince días más o menos, iba en una línea de autobús; me llamó la atención un señor mayor (no me atrevo a ponerle edad, ni siquiera a ojo, porque sé que fallaría) que estaba sentado en la fila de asientos del otro lado donde yo me encontraba. En su regazo llevaba un disco de vinilo que, por más que intenté, no conseguí leer de quién era. El anciano tenía la vista clavada en la ventana; yo, en su vinilo y, con ello, mi mente comenzó a divagar. Me imaginé a un señor mayor que, dentro de un mundo absorto por las últimas tecnologías (cada vez más revolucionarias), llegaría a su casa y, como hace no tantos años, haría uso de un tocad iscos para hacer sonar el objeto que llevaba entre manos.
Me inspiró nostalgia y añoranza a la vez que ternura. Quizás porque en un mundo que parece que cada vez quiere vivir más de prisa, que parece estar dominado por los bytes, formatos mp3 y pixeles, todavía hay quienes no se han dejado arrastrar por esta marea tecnológica y que, de algún modo, siguen viviendo al estilo de una época que para muchos, a día de hoy, fue mejor que la actual.
Mi imaginación, con la imagen del disco de vinilo sujeto por unas manos ancianas, divaga una vez más y, lo cierto es que no puedo menos que recrear la imagen de estar escuchando música a la "antigua", con el toca discos.

un precio desorbitado y que rebasa los límites de lo mínimamente aceptable. Por ello, y de forma paralela, no entiendo cómo ofertan y promocionan terminales que tienen las últimas novedades tecnológicas, desde blootooth, hasta cámara fotográfica con un determinado nº de píxeles. ¿Para qué tanta tecnología y herramientas multimedia si, a la hora de querer compartirlas, nos va a costar 1 €?


