La fuente de la sabiduría
Tenemos una fuente de sabiduría ahí mismo, a nuestro alcance, en la propia palma de la mano. Sin embargo es algo que descuidamos, y cada vez de forma más evidente. Se trata, en realidad, de los ancianos, las personas mayores o, como dirían muchos, "la tercera edad" (a lo que yo me pregunto: "la tercera edad, ¿de qué?"
Dicen (los expertos y demás) que la actual generación de jóvenes son los más preparados culturalmente e informativamente, no obstante, al mismo somos (sí, porque yo me incluyo en ese grupo de jóvenes) unos ignorantes absolutos. Parece como si no tuviéramos en cuenta, en absoluto, a esas personas que tanta pueden ofrecernos. Sólo excepcionalmente las tenemos en cuenta.
Y es que, hace pocos días vi a una parejita de ancianos (mujer y hombre) iban bien abrigados y con los brazos entrelazados. Me pregunté cómo verían ellos ver pasar la vida de los jóvenes. Me pregunté, además, si todos aquellos que disfrutan del sol en los días primaverales en los bancos y plazas, ven a los jóvenes como seres "raros". Son, en realidad, observadores natos de la vida, de las nuestras. No conocen nada de nosotros, pero lo saben todo.
Quizás debamos añadir a nuestros conocimientos una nueva lección, y es la de aprender de estas personas; porque, en un futuro, seremos nosotros quienes, con bastón o sin él, acompañados o solos, nos sentaremos en el banco del parque, a disfrutar del buen tiempo, y ver como la vida pasa, ante nuestros ojos, y cómo emerge en los más pequeños.

