El Opel Vectra
En general siempre he creído en las casualidades de la vida, aunque últimamente optaba más por pensar en que, si te encontrabas con algo o alquien familiar era por alguna "razón". Un motivo que podía ser lógico y coherente, o no ser ninguna de esas dos cosas. El caso es que últimamente no puedo dejar de pensar en cómo la vida nos regala, de vez en cuando, ese tipo de casualidades que nos dejan con la boca abierta.
Hace siete años por estas fechas, más o menos, el coche que había en mi casa era un Opel Vectra, color rojo marsella. Un coche que "sustituyó" al vehículo que tuvimos durante 18 años: un Renaul 12, color amarillo claro. El mítico R12, en el que tantos y tantos viajes hicimos, sin aire acondicionado, ocupando las cinco plazas, sin cinturones de seguridad en los asientos traseros, sin reproductor de DVD y con el maletero hasta arriba nos proporcionó, durante todos esos años, muy buenos momentos. En ninguno de ellos, además, nos dejó tirados, aunque, como cualquier vehículo, requería sus respectivos cambios de aceite, así como sus revisiones mecánicas.
El caso es que
tanto ajetreo, tuvimos que "jubilar" a ese gran coche que nos
hizo tan buen servicio. Su lugar fue ocupado por un Opel Vectra.
Por aquel entonces, el coche ya venía con un reproductor de CD y,
en comparación con el R12, era un coche súper moderno. Lo tuvimos
durante 7 años, y en todo ese tiempo solo nos dejó tirados una
sola vez. Ese día fuimos a Lourdes (Francia) y el coche dijo
"basta" en el viaje de vuelta, justo al pasar el peaje que hay
poco después de pasar la frontera. La cosa no fue nada grave,
simplemente se quedó sin batería.
El caso es que tras 7 años, y por aspectos familiares y personales, volvimos a cambiar de coche. Pero como el Vectra estaba muy bien, lo llevamos al concesionario poque, si mal no recuerdo, había una especie de "plan renove" para los coches con menos de "x" kilómetros (tengo el recuerdo de que era algo así, aunque tampoco lo recuerdo con exactitud). El caso es que desde entonces, y sobre todo desde el día que fuimos a dejar el coche en el concesionario, nos preguntábamos, de vez en cuando, que qué habría sido del Vectra.
Primera Casualidad
La primera vez que lo volví a ver fue en el 2009. Era verano, acababa de salir de trabajar y, como había hecho buen día, el autobús venía hasta arriba, por lo que me tuve que quedar en la parte delantera del mismo, casi pegada al cristal delantero, junto al conductor. Arrancó, y a los pocos metros, en una rotonda, veo, con sorpresa, que el coche que está justo delante del autobús, y el cual veo perfectamente, es un opel vectra, rojo marsella. Recuerdo que mi primer pensamiento fue "anda, un coche como el nuestro". De forma automática dirigí mi vista a la matrícula, y cual fue mi sorpresa cuando la reconocí. ¡¡Era nuestro coche!! Al bajar del autobús, llamé a mi padre y se lo hice saber, aunque no creyó que se tratase del mismo coche; pensaba que, seguramente, habría visto mal la matrícula.
Pero, apenas 3 semanas después, la casualidad quiso que mis padres se lo encontraran, más o menos por la misma zona que lo había visto yo. Ese momento no fue solo la "prueba" de que yo no había visto mal la matrícula, sino de que el vectra, nuestro coche, todavía andaba dando vueltas y, encima, al lado de casa. Pero desde aquella vez, no habíamos vuelto a verlo, asi que durante un tiempo le perdimos la pista.
Y eso fue así hasta el año que se acaba de terminar. Todos los días voy a trabajar a Pasajes (Gipuzkoa), y el coche lo aparco en la zona del puerto viejo, donde suele haber, así a ojo, un centenar de coches aparcados. Un día, cuando ya había terminado mi jornada, me dirigía al coche, y cuando entré en la zona del aparcamiento, vi, a lo lejos, un vectra rojo, como el que teníamos. Según lo ví, me recordó al nuestro, y me pregunté que qué habría sido de él, sobre todo porque, si mis cálculos no fallaban, el coche ya tendría 13 años. Según me iba acercando, volví a sorprenderme al ver la matrícula. ¡¡Era nuestro coche!! No daba crédito. El que había sido nuestro coche, estaba aparcado a pocos metros del mío, en la misma zona en la que todos los días lo dejo. Me pareció ver al dueño, con aparejos de pesca en mano, por lo que me alegré al pensar que, podría ser que me volviese a encontrar con el Vectra en más ocasiones. En aquel entonces no le dije, aunque ciertamente me quedé con las ganas. Una vez más lo comenté en casa, y esta vez sí me creyeron; además, al igual que yo, se sorprendieron del lugar en el que me lo había encontrado.
Desde ese día, cuando terminaba mi jornada laboral acudía al aparcamiento con la pequeña esperanza de volver a encontrarmelo. Aunque no lo volví a ver hasta mediados de diciembre, poco antes de Navidad. Era mi último día de trabajo, antes de empezar unas vacaciones, y según salía del pueblo, me lo crucé. Estuve muy tentada de ponerme a tocar el claxon, aunque finalmente no lo hice.
Y la última fue ayer mismo. Una vez más estaba en la zona del puerto viejo, aparcado. Di un par de vueltas alrededor de él, observándolo. Recordando el día que fui con mi padre a buscarlo al concesionario, y salimos en él montados, contentos por el coche que olía a nuevo. Recordé el día que, también con mi padre, fui al mismo sitio para dejarlo allí. Y me alegré de verlo ahí, aparcado, 14 años después. Me alegró verlo tan de cerca, comprobar que se sigue viendo "casi" nuevo, y saber que es muy probable que me lo vuelva a encontrar.
Aunque me he alargado más de lo previsto, cada vez que veo ese coche no puedo evitar ni sonreir ni pensar "¡qué casualidad!".

La primera
pregunta que me hago es: ¿qué está pasando con el
s de sus
vidas, solo por el disfrute que supone poder transmitir una
noticia y estar, en contacto continuo, con la actualidad.
El pasado 12 de diciembre se llevó al Congreso la ya famosa
así evitar que se nos colgase la conexión cada dos por tres. Un programa que nos permitía recrear un abrazo, un sonido, un gesto... e incluso jugar al trivial. Un juego socializado entre todos que hacía que las partidas fuesen muy divertidas.
Abre los ojos, los oídos y todos tus sentidos. Párate dos minutos y observa todo cuanto hay a tu alrededor. No permitas que nada ni nadie te diga cómo mirar, cómo escuchar y cómo ver la realidad; no permitas que nadie te diga a través de qué ojos hay que ver la vida; porque aquellos que ponen un cuidado y delicado esmero en que actuémos como ellos quieran son, precisamente, los que se encargan de que vivamos en la más absoluta ignorancia, de que nos movamos por los impulsos consumistas de los países desarrollados que no tienen nada de “modernos” y tienen un conocimiento cero de lo que ocurre en el mundo.
Abran los ojos y todos sus sentidos. Miren a su alrededor. Empápesen de la cruda realidad. Y entonces, sólo entonces, habrán aprendido una lección de Humanidad.

